Sexo en Chamberí

por Carlota Valdés

Hoy toca hablar de mi nueva novela, «Un chico cualquiera». Como siempre, me gusta contar la historia de las cosas, pues esta novela también tiene su pequeña historia o intrahistoria. El día que me tenía que reunir con mi nueva editora, a la que no conocía, para venderle una nueva novela yo no tenía muy claro nada; tenía un poco una pequeña idea sobre que quería hacer algo entre una pija y un macarra de barrio y de que quería que tratara del mundo de los gigolós, pero no mucho más.

Pues bien, el día que tenía la reunión con mi editora mi gata Bety se estaba muriendo. Ya sabéis que fueron 23 años de gata. Pues justo antes de ir a ver si me daban la oportunidad de publicar otra novela, la dejaba en el veterinario ya para morirse. Quedaba apenas media hora para ir a ver a la editora y yo no paraba de llorar y me decía a mi misma: ¿pero cómo voy a vender nada así, en este estado tan lamentable? Pensé en anular la reunión pero probablemente anularla hubiera significado no escribirla. Nunca se sabe y a menudo las cosas hay que cogerlas cuando vienen. Llovía a cántaros; lo recuerdo bien porque yo lloraba casi con la misma intensidad que la lluvía que caía. Llegué a la editorial con la cara llena de churretes y los ojos rojos. Me presentaron a mi nueva editora y claro, para explicarle la cara que traía le tuve que contar lo de que mi gata se estaba muriendo en ese justo momento.

Bajamos a tomar algo a un bar cercano. Me preguntó qué idea tenía y allí, un poco sobre la marcha se me ocurrió la historia de Maxi y Raquel. También tenía claro que en este caso el sexo no iba a pesar tanto como en mis otras dos novelas «Lo que no sabía de mi» y «Lo que descubrí de ti» que quería que hubiera más historia, que pasaran muchas cosas y que hubiera amor y por supuesto, humor.

Siempre me han interesado las relaciones entre personas que vienen de mundos muy distintos. A los macarras siempre les gustaron las pijas y viceversa. Lo único que tenía claro es que ella, Raquel, iba a ser una pijaza de Chamberí recién dejada por su marido y él, Maxi el socorrista de la pisicina de su urbanización, un chico de barrio, con una novia de siempre y una vida normal. Cuando encontramos a Raquel, mi prota, ella acaba de dejar su trabajo en una multinacional de cosméticos de lujo, donde era jefa de Marketing. Está hundida tras el fin de su matrimonio y no sabe qué rumbo debe dar a su vida. Entonces conoce a Maxi en la piscina de la urba y, pese a no ser de su estilo, se siente inmediatamente atraída por él. Por una serie de cincunstancias y gracias a una despedida de soltera, Raquel se encuentra de golpe y porrazo con el mundo de los gigolós y se le ocurre una idea loca: montar ella misma una agencia de escorts de lujo y usar los contactos y las relaciones que tenía gracias a su antiguo trabajo…y claro ¿quién es el primero que se le ocurre para formar parte de su negocio? Pues, Maxi, el sexy socorrista de su piscina.

No cuento más porque no quiero quitarle emoción al asunto pero digamos que ese es el inicio de la historia y a partir de ahí pasan muchas cosas, para empezar que Maxi, y el resto de sus compañeros, tienen que aprender a ser escorts de lujo en un tiempo récord, lo que va a llevar a situaciones muy divertidas a lo largo de la trama….Y claro, luego está el amor,  que va a complicar las cosa o como diría Carlota, el puto amor de los cojones.

Lo que me desvela cuando escribo, sobre todo novelas son dos aspectos fundamentales para mi: resolver la trama (es decir que «pasen cosas»), no aburrir al lector (porque como lectora es lo peor que me puede pasar a mi) y que haya humor. En lo del humor sí soy exigente. Mis hijos dicen que no tengo sentido del humor, pero creo que es porque no leen lo que escribo (o eso dicen ellos). y para mi el humor surge siempre de las situaciones tristes, dramáticas o difíciles….en mis libros y desde luego en mi vida. Sin sentido del humor yo, desde luego no hubiera llegado nada en la vida. Y personalmente conozco a muy poca gente que sea capaz de reírse de sus miserias.

Cuando empecé a escribir estaba también empezando una relación con alguien, era bastante feliz y sin embargo veía que a lo que escribía le faltaba ese toque Carlotiano..no sabía bien por qué pero mi propia novela me estaba aburriendo y encontraba muchas dificultades en hacerla, tenía muchos bloqueos. Mi relación se acabó muy malamente meses después, justo cuando yo estaba en el culmen de mis bloqueos creativos así que todo fue como una hecatombe. Mi vida se iba nuevamente al carajo y mi novela no me acababa de convencer. Había algo que no funcionaba, o sea, todo. Nada funcionaba.

Como siempre que tengo una situación así, tenía un viaje salvador, en este caso a Filipinas. Y cuando volví bastante hecha polvo decidí centrarme en escribir, con la dificultad de que me ofrecieron un nuevo trabajo de ocho horas «de oficina» que iba a dificultar bastante la tarea. Pues bueno: lo que pasó fue que de la miseria vino toda la inspiración, el dolor me dio el empuje que necesitaba para escribir y a partir de ahí todo fluyó como la seda. Precisamente por esas fechas le di también el giro de humor que la novela pedía a gritos.  Todo ese proceso me hizo enamorarme de ella y sobre todo, de sus personajes «Mi Maxi» y «Mi Raquel»

Lo que sucede cuando escribes es muy curioso porque los personajes cobran vida propia y tú los ves desde arriba ya, como si no tuvieran que ver con tu voluntad…ellos se «mueven» solos, obedeciendo a sus propias reglas. Tanto es así que yo sufro y lloro cuando les pasan putadas..en incluso me digo a mi misma en voz alta «Pero no les hagas eso, hijadeputa». La regla es: reírte con tus escenas de humor, excitarte con las de sexo, llorar con ellos cuando sufren...si esa identificación entre la historia y los personajes y el autor no se produce, diría que la novela no va a funcionar para un lector. El escritor tiene que sentir lo mismo al leerla que el lector al entrar en ese mundo de ficción.

Otra decisión que tomé fue no dejar que nadie leyera mi novela, ni durante el proceso ni cuando ya estaba acabada. Solo mi editora. Esto ha resultado una dura prueba porque nadie que «te quiere» te da feedback de lo que has hecho y vas a ciegas. Pero lo quería hacer así para superar mis miedos e inseguridades. Yo no necesito que nadie me diga que lo hago está bien porque ya debería saber que está bien. Y si no está bien, es lo mejor que he podido o he sabido hacerlo. Las palmaditas en la espalda vienen genial, pero es mejor apañarse sin ellas porque en la mayoría de las circunstancias importantes de nuestra vida, estamos solos, solos con lo nuestro. Escribir es una tarea solitaria y publicar una novela es un trabajo ingente (que no se termina cuando la acabas de escribir..hay que hacer muchas otras cosas después). El momento de la publicación da un vértigo total. Yo siempre pienso en irme de España y meterme en una cueva. Quiero escaparme y no saber nada. Es terrible someter lo que has estado haciendo durante tantos meses a la consideración del resto del mundo. Realmente se une la emoción y el orgullo por verte de nuevo en las mesas de las liberías con el terror y la inseguridad más absolutos.

Y así se escribe una novela…más o menos. Es como la vida: hay que ir saltando baches y esquivando ostias para al final llegar a un sitio más o menos seguro.

Como siempre, os voy a pedir que la compréis, que me leáis y jolines, espero que os guste tanto como a mi. También deciros que tiene segunda parte que tengo que empezar a escribir ya mismo.

«Un chico cualquiera» sale a la venta el jueves, 4 de julio. Independence Day, ya sabéis

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