Sexo en Chamberí

por Carlota Valdés

Hoy hablaremos de bares, de bares donde quedar con gente, o para ser más concretos, de bares donde quedar con tíos. O para ser aún más concretos, de bares donde quedar con desconocidos de Tinder, sin ir más lejos.

La elección del bar es importante en una cita ya que dirá bastante de ti; es toda una declaración de intenciones. Ha de ser un sitio agradable, con la luz y la música adecuadas, un lugar animado pero no ruidoso, que no resulte cutre pero tampoco pijo…Siempre desconfié de la gente que no conoce bares o no les importan, esa gente que no sabe llevarte a ningún lado (que los hay). Precisamente, una de mis grandes cualidades es conocer muchos bares, de forma que suelo tener uno adecuado para cada ocasión y si no, pues lo busco.  Como decía el otro, no hay como el calor del amor en un bar (y bien cierto es). Estar con la persona adecuada mientras el mundo se para y hay otro que te pone de beber y patatas fritas…eso es la imagen del paraíso para mi.

Yo tenía un bar de esos en mi barrio, en donde cada semana o cada x días quedaba con un tío distinto. Así estuve mucho tiempo. Nunca iba sola, ni con amigas…era un bar que usaba única y exclusivamente para quedar con desconocidos. El bar de las grandes esperanzas. En ese bar, en el que los camareros acabaron conociéndome bien, había una cosa fundamental para una Tinder Cita: cava. Además el cava allí no es caro. Quiero decir, que para cuando llegaba el tío en cuestión yo ya me había bebido al menos una copa. En ese bar,  del que luego diré el nombre, te ponen la copa hasta arriba. (aquí voy a hacer un inciso para recalcar lo que me jode ir a un sitio, pedir un vino y que te pongan dos dedos de líquido a razón de cuatro pavos) Yo antes no decía nada pero ahora directamente digo ¿te importa echarme un poco más criatura, que esto no me da ni para enjuagarme la boca? Tú no eres el dueño. No seas tan cicatero. Piensa en los demás, que también estamos trabajando, buscándonos la vida, buscando el amor… El éxito o el fracaso de esta cita depende de ti en cierta medida. ¿No lo habías pensado? ¿Y luego esperas que de te propina?

Lo que hay que hacer que a veces funciona es mirar al camarero como si te lo quisieras follar cuando está echándote el vino. A veces funciona, porque se distrae y le cae más de la botella pero la mayoría de las veces pues no funciona. Lo que tampoco funciona es mirar para la botella y al chorro cuando te están poniendo el vino. Eso es de desesperada. Es decir, lo que realmente eres y lógicamente el camarero te pondrá menos solo para joder. Seguro que los vinos más enormes se los ponen a esas a las que solo les gusta el Lambrusco y la coca cero. Todo lo que deseas o quieres, hay que mirarlo como si te diera asco o con desprecio…solo así lo conseguirás fácilmente.

Total, que me gustaba este bar porque me ponían copas de cava casi hasta el borde así que para cuando llegaba mi cita en cuestión yo ya estaba prácticamente borracha, que es como hay que estar en las citas Tinder.. y además con todas las aceitunas comidas y el platito lleno de huesos. En aquel bar yo pedía de comer  o no dependiendo de la pasta que presumía que tenía mi cita, porque resulta que daban ostras, a razón de cuatro euros la ostra. Cuando quedaba con uno del montón ( del montón económico me refiero)  pues no pedía nada pero cuando quedaba con uno tipo «señor» de esos de chaqueta austriaca, mocasín y piso donde el Templo de Debod, entonces me pedía unas ostras francesas (las mejores y más caras) sabiendo perfectamente que yo no las iba a pagar. A mi me pagaban la compañía a base de ostras. Y tengo que decir que a veces me he comido mucha mierda por tres o cuatro ostras. Me salía a ostra la hora. Así de empoderada voy yo por la vida. Soy una especie de Bien Pagá 3.0. Era mejor la otra que al menos se sacaba joyas.

Cuando quedaba con uno normal con el que ya tenia la seguridad de que íbamos a pagar a medias pues pedía una sardina ahumada, o una Gilda,que también están muy ricas, claro que no son ostras…pero todo no se puede.

Además el bar tenía otra cosa; casi siempre te sentaban en la barra. Hay algo super guay en estar en la barra de un bar que conoces con alguien que no conoces. Te otorga cierto poder…debe ser por los taburetes altos, por el cruzar las piernas y hablar con los camareros con familiaridad… Lo que me recuerda a que una vez quedé allí con un chico tan bajito tan bajito que cuando le miraba a la cara no sabía si estaba de pie o sentado en el taburete…y resultó que estaba de pie. Era algo así como el enano ese de Juego de Tronos.

Pero para aquel entonces yo igual llevaba ya tres cavas y los enanos me parecían gigantes, los feos guapos y los viejos jóvenes. Las bebidas con burbujas tienen el poder de embellecer las cosas y hacerte volar. Por eso las bebo. ¿Quién no lo haría en su sano juicio? Sólo un gilipollas querría ver las cosas y a las personas como son en realidad: feas casi siempre.

Tengo una amiga que dice que no bebe porque que «su cuerpo es su templo». Mi cuerpo es más bien como una iglesia: las ostias y  el vino siempre están garantizados.

Y respecto del bar, yo pensaba: la gente de este bar lo debe flipar conmigo, porque siempre vengo aquí con tíos distintos y nunca repito, pero la verdad es que siempre fueron muy discretos y solo una vez, después de mucho tiempo, un día que por fin fui con una amiga, me dijeron: «es la primera vez que te vemos aquí con una chica.»..y yo me sentí como una auténtica mujer fatal, tanto que estuve a punto de decirles que aquella mujer, en realidad, también era una cita Tinder para no hundir mi reputación.

Casi nunca saqué nada provechoso del Bar de las grandes esperanzas, pero recuerdo mis últimas citas allí. En una de ellas, cuando yo ya llevaba como tres cavas, el tio en cuestión me dijo:

-«Pues casi no vengo, aquí donde me ves. Estaba en mi casa viendo Netflix y me dije a mi mismo: uff qué pereza, quién me manda a mi salir ahora, con el frío que hace y además domingo»

Ese día no pedí ostras, pero luego, como tenía hambre, fuimos a otro bar cercano a comer algo. Y él hizo algo casi peor que no beber: no comer.

«Come tú -me dijo- que yo ya cené antes de venir» Y me recuerdo comiendo un plato de ensaladilla enorme mientras me bebía dos vinos pensando quién coño en su sano juicio venía merendado un domingo a una cita Tinder.

Siete días más tarde me dijo que no podía parar de pensar en mi (sic) y que si quedábamos. Le dije que no. Que estaba en un momento de mi vida que ya sexo no quería, que quería algo más. Dijo que vale. Dos días más tarde me debí de arrepentir o me apetecería follar y le dije que si quedábamos. Me dijo que no. Que gracias a mi también había pensado que ya esto del Tinder no le valía y que le apetecía pasar un tiempo solo.

En el bar de las grandes esperanzas solo me hablaban de las ex novias, de lo buenas que estaban, de lo fantásticas que eran en la cama y de sus peculiaridades. Aquello parecía el consultorio de la señorita Pepins (Yo era la señorita Pepins). Una de las últimas citas que tuve allí fue creo la más horrible de las citas Tinder que jamás tuve. Nada más llegar supe que me tenía que pedir media docena de ostras.

El señor tardó como cinco minutos en empezar con la letanía de la ex novia. Al parecer tenia una novia divina pero con un terrible problema: tenía la sangre «muy clara». Yo, no se si con una ostra en la boca o ya escupiéndola, le dije ¿mande? ¿realmente acabo de llegar a esta cita y me estás hablando de la sangre de tu ex novia?

A lo que el replicó: ¿pero qué pasa? ¿tú no escribías novelas eróticas?

En el bar de las grandes esperanzas daban y dan cava pero muchas veces me hubiera bebido de buena gana alcohol del 96, amoniaco o cicuta.

PD/ Para los que os interese, el bar se llama Ostras Pedrín y está en la calle Olid, detrás de la Plaza de Olavide. Si me veis alguna vez allí con un tío,. no digáis nada, no vayáis a joderme la cita.

¿Tenéis vosotros algún bar así??

 

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